Todas las mamás parecen haber disfrutado el verano menos yo | Sofía Sánchez de Tagle
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Blog  / Mindfulness

El verano contra el que te estás midiendo

Es la última semana de agosto y tus redes se llenaron de resúmenes.

El carrusel de diez fotos. El atardecer en la playa. Los niños saltando en la alberca con esa luz que no tienes idea cómo consiguen. La abuela y el nieto riendo en la mesa. Y abajo la misma frase de siempre: no quiero que se acabe.

Y tú lo estás viendo justo en tu hora cero, con un niño pidiendo agua y otro que lleva veinte minutos llorando por algo de lo que ya ni te acuerdas.

Y piensas: a todas les fue mejor que a mí.

Ocho semanas vs diez fotos

Esta es la trampa, y es más matemática que emocional.

Estás comparando tus ocho semanas completas contra las diez mejores fotos de otra persona.

Tus ocho semanas incluyen los martes eternos, el calor, las peleas, el día que gritaste, la tarde de pantallas que te dio culpa, el domingo en el que nadie se bañó. Sus diez fotos son diez instantes, y no dicen nada de lo que pasó antes o después de cada uno.

Y esos diez momentos son reales. Ahí está lo importante: nadie te está mintiendo. Ese atardecer existió.

Lo que no existe es el verano que tú reconstruyes en tu cabeza a partir de esas diez fotos. Ese verano luminoso, lleno de risas y sin días que parecían eternos, no le pasó a nadie.

Y no es algo que pase solo en agosto: de hecho, Instagram lleva todo el año haciéndote esto mismo.

Lo que queda fuera del encuadre

Hay algo más, y esto casi nunca se piensa.

Detrás de la foto perfecta de la alberca hubo alguien poniendo bloqueador a tres niños que no se querían quedar quietos, alguien cargando la hielera, alguien que pidió otra, pero ahora sí sonrían bien cuatro veces, y alguien que después pasó veinte minutos eligiendo cuál subía.

Esa mamá también tuvo su día eterno. Probablemente el mismo día, dos horas después de la foto.

Y es muy posible que ella esté viendo el carrusel de alguien más ahorita mismo, pensando exactamente lo que tú estás pensando.

Eso es lo raro de esta competencia invisible entre mamás: casi todas las que participan creen que van perdiendo.

Por qué duele más justo ahora

Porque llegas al final del verano con un cuerpo que necesita un descanso y todavía no lo tiene.

A principios de julio ves el mismo carrusel y no te mueve nada. En la última semana de agosto, cansada, con la paciencia raspada y la lista del regreso a clases en la cabeza, el mismo carrusel se siente como un veredicto.

No cambió el contenido. Cambió el cuerpo y la mente con los que lo estás viendo.

Y cuando estás así, cualquier información que entra se interpreta en tu contra. Es bueno saberlo, porque te permite dudar del veredicto: hoy tienes menos batería para procesar lo que ves.

Qué hacer con eso

  • Termina la frase. Cuando llegue a todas les fue mejor, agrégale: con lo que decidieron enseñarme. Suena tonto y funciona, porque devuelve la frase a su tamaño real.
  • Silencia sin drama. No hace falta dejar de seguir a nadie, ni dar explicaciones, ni enojarte con ella. Silenciar unas semanas solo quita de tu vista algo que hoy no puedes ver sin castigarte. Cuando pase el regreso a clases y hayas dormido, le quitas el silencio y te puedo asegurar que ya no te pesa igual.
  • Haz tu propio recuento. Siéntate diez minutos con una hoja y escribe tu verano completo, sin filtro: lo bueno, lo horrible y lo aburrido, todo en la misma lista. No lo edites, no lo hagas bonito, no es para enseñárselo a nadie. Cuando termines vas a encontrar más momentos buenos de los que recordabas al empezar, porque el cansancio de las vacaciones los tapa, no los borra.
  • Y si te animas, di algo real. No hace falta publicar tus peores días. Pero una frase honesta en un grupo de mamás hace algo que ninguna foto hace: le da permiso a otra de dejar de fingir.

Ellos no se acuerdan en carrusel

Te lo digo porque es lo que más tranquiliza y casi nunca se dice.

Tus hijos no van a recordar el verano en formato carrusel. Nadie recuerda su infancia así.

Van a acordarse de sensaciones sueltas y desordenadas. El olor de tu casa en la tarde. Un chiste que se repitió hasta el cansancio. La vez que se quedó despierto más tarde de lo permitido. Tu risa. La sensación de que había lugar para ellos. Y casi siempre lo que se les queda son las cosas más simples.

Nada de eso sale en la foto de la alberca con el atardecer precioso. Y nada de eso se compra con un viaje.

Así que si este verano no hubo viaje, o no hubo el que te habría gustado, eso no dejó vacío el verano de tus hijos. Les diste bastante más de lo que la palabra vacaciones alcanza a medir.

De quién es ese verano

Vale la pena preguntarte de quién es el verano contra el que te estás midiendo.

Porque ese verano luminoso y sin días eternos tampoco lo vivió ella. Lo armaste tú, con sus mejores diez momentos y ninguno de los tuyos, y aun así lo usas de vara para calificarte.

Y calificarte con esa vara cuesta.

Cuesta la tarde que pasas de mal humor con tus hijos por algo que viste en una pantalla mientras uno te pedía agua.

Cuesta tu propio verano, que se queda opacado por el de una desconocida.

Cuesta el castigo que te das por no cumplir algo que nadie te pidió más que tú.

Cuesta lo bueno que sí pasó sin que nadie lo planeara, y que por estar comparando no alcanzas a ver.

Pregúntate también quién gana algo cuando tú pierdes esa comparación.

Nadie. Ni siquiera ella, que a esta hora probablemente está viendo el carrusel de alguien más y pensando exactamente lo mismo que tú.

Preguntas frecuentes

¿Por qué siento que a todas les fue mejor el verano que a mí?

Porque estás comparando tus ocho semanas completas, con sus martes eternos y el día que gritaste, contra las diez mejores fotos de otra persona. Esas diez fotos son reales, nadie te está mintiendo. Lo que no existe es el verano entero que tú reconstruyes en tu cabeza a partir de ellas.

¿Por qué me duele más justo en la última semana de agosto?

Porque llegas al final del verano con un cuerpo que necesita un descanso y todavía no lo tiene. A principios de julio ves el mismo carrusel y no te mueve nada. No cambió el contenido: cambió el cuerpo y la mente con los que lo estás viendo, y cuando estás así cualquier información se interpreta en tu contra.

¿Está mal silenciar a otras mamás en redes?

No hace falta dejar de seguir a nadie, ni dar explicaciones, ni enojarte con ella. Silenciar unas semanas solo quita de tu vista algo que hoy no puedes ver sin castigarte. Cuando pase el regreso a clases y hayas dormido, le quitas el silencio y ya no te pesa igual.

¿Cómo dejo de compararme con los resúmenes de verano?

Termina la frase: cuando llegue «a todas les fue mejor», agrégale «con lo que decidieron enseñarme». Haz tu propio recuento en privado, con lo bueno, lo horrible y lo aburrido en la misma lista. Y si te animas, di algo real en un grupo de mamás: le da permiso a otra de dejar de fingir.

¿Qué van a recordar mis hijos de este verano?

No lo van a recordar en formato carrusel, porque nadie recuerda su infancia así. Van a acordarse de sensaciones sueltas: el olor de tu casa en la tarde, un chiste que se repitió hasta el cansancio, la vez que se quedó despierto más tarde de lo permitido, tu risa. Casi siempre lo que se les queda son las cosas más simples.

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