Hace unos días una mamá me escribió. Y no me preguntó sobre pantallas, ni sobre cómo hacer para que sus hijos pelearan menos.
Me escribió algo que quizás se vea pequeño, pero que me pareció tan importante.
Me dijo: “Sofía… siento horrible decir esto… pero llevan mis hijos una semana de vacaciones y ya quiero que regresen a clases.”
Seguía viendo que escribía y dijo: “Me siento la peor mamá del mundo por pensar eso.”
Le contesté casi sin pensarlo: “Creo que en el fondo no quieres que se acaben las vacaciones, sino quieres dejar de sostener absolutamente todo tú sola. Para que tú también tengas espacios para disfrutar.”
Vivir las vacaciones sin perderte a ti misma
Durante el ciclo escolar muchas manos nos ayudan a sostener a nuestros hijos.
La escuela, sus amigos, las rutinas.
Pero llegan las vacaciones… y casi todas esas manos extras desaparecen. Sin darnos cuenta, las nuestras intentan hacer el trabajo de todas.
Y en ese momento dejamos poco a poquito de sostener nuestras propias rutinas. Vamos dejando el café caliente para después, el ejercicio para la tarde (que termina sin suceder), los emails para cuando estén viendo la tele (que termina siendo en la noche cuando ya se durmieron), el libro que nos emocionaba leer durante el verano seguramente se quedará en la página 15. Y cada una mientras lea puede ir pensando en mil y un ejemplos más.
Pero para poder sostener algo de nuestras rutinas y tener momentos de paz y de disfrute, es importante que ellos continúen, lo más que se pueda, con una rutina.
Sus rutinas no se van de vacaciones
Esto, queridas, nos puede ayudar a traer calma en medio del caos y regalarnos momentos mucho más lindos. Aunque sean vacaciones, sus horarios de comida, de sueño y de tiempo en pantalla no tienen que desaparecer. Los podemos ajustar un poco y ser más flexibles, pero esto les va a ayudar mucho. Muchas dirán: “Sofía, rutinas en vacaciones, mejor hay que relajarnos” y justo la rutina es lo que ayuda a regular su sistema nervioso. Para que ellos y nosotras nos relajemos bastante más.
Un niño que come y duerme más o menos a la misma hora todos los días, aunque el resto de su día sea distinto, tiene un ancla. Y ese hábito se traduce en menos berrinches y menos exigencia constante hacia ti.
Cuando todo cambia a la vez (horarios, actividades, lugares, pantallas sin límite porque “son vacaciones”), pierde sus puntos de referencia. Se estresa más, tiene menos regulación emocional, se vuelve más irritable y en consecuencia más demandante.
Sus rutinas te ayudan a sostener la calma con ellos. Las tuyas te ayudan a sostenerte a ti misma. Y no es un lujo ni un capricho: es lo que hace posible que tengas algo que dar cuando de verdad te necesiten.
Algunas ideas para ti:
Cuida tu cuerpo
Es el hogar desde donde sucede toda tu maternidad. Cuidarlo es lo que hace posible que puedas sostener sin agotarte.
No hace falta una hora en el gimnasio. A veces basta con pequeños actos que le recuerden a tu cuerpo que también importa.
- Irte a dormir un poquito antes, aunque eso signifique dejar el celular cargando en otro cuarto y aceptar que ese mensaje puede esperar hasta mañana.
- Prepararte un desayuno que realmente se te antoje, sentarte cinco minutos y comerlo caliente.
- Salir a caminar veinte minutos mientras ellos van en bici, poner una meditación mientras colorean o estirar el cuerpo en el piso del cuarto mientras juegan cerca de ti.
Cuida tu tiempo
No necesitas horas libres, sino pequeños espacios que te recuerden quién eres.
- Un café en silencio, antes de que despierten, sin el celular en la mano.
- Leer unas páginas de tu libro mientras cada quien esté haciendo lo suyo.
- Escribir lo que sientes: en la noche, algo que disfrutaste, algo que te costó y algo por lo que hoy das gracias. Al final del verano verás que disfrutaste muchas cosas.
Cuida tus vínculos
Son los que te sostienen a ti cuando tú no te alcanzas a sostener sola.
- Un rato con amigas, aunque sea una llamada de camino al súper.
- Un rato a solas con tu pareja, veinte minutos donde no se hable de horarios ni de quién hace qué.
- Pedir ayuda sin culpa si empiezas a sentirte rebasada.
Con esa ancla puesta, todo lo demás se vuelve más manejable: sus rutinas, sus rituales, su tiempo a solas. Y la tuya.
No se trata de llenar cada día
Vale la pena decirlo también: sostener rutinas no significa organizarles cada minuto con actividades. De hecho, es lo contrario.
Cuando lo básico está con sus horarios normales (comer, dormir, un ritmo predecible), sobra espacio para que ellos se aburran, jueguen libremente y descubran solitos qué hacer con su tiempo. Eso es tema para otro momento, pero vale la pena tenerlo presente: la estructura de lo básico es lo que permite soltar el control de todo lo demás.
La invitación es que soltemos la expectativa del verano perfecto, porque no existe. Mejor intentar hacer cosas que puedan disfrutar juntos, donde mamá no se invisibilice ni se pierda entre el entretenimiento constante para que pasen nuestros hijos “el verano de su vida”.
Podemos con intención crear el espacio para un verano más lento y un poquito más mágico y eso no lo hacen las cosas materiales ni visitas a museos o ferias. En este post de Instagram te compartí ideas mágicas para lograrlo.
Dos rituales simples que sí suman
Sostener rutinas no significa que no pueda haber momentos especiales. Al contrario: unos pocos rituales sencillos, repetidos, valen más que muchas actividades sueltas.
- Noche de cine, puede ser un día fijo a la semana. Todos participan: hacen las palomitas juntos, piden o cocinan una pizza, y entre todos eligen la película (por turnos, para que cada quien sienta que su voto cuenta). No es la película lo que importa. Es el ritual: siempre el mismo día, siempre en familia, siempre algo que pueden anticipar.
- Salidas simples, no salidas especiales. No hace falta el lugar espectacular ni el plan elaborado. Un parque cerca de la casa, caminar para encontrar tesoros (una piedra rara, un perro amistoso, una flor). El paseo se vuelve especial no por dónde van, sino por cómo van: juntos, sin prisa, con espacio para platicar de lo que se encuentran.
Los niños no van a recordar un verano perfecto, pero sí van a acordarse de cómo se sentía estar contigo.
Por eso creo que hay tres anclas que vale la pena proteger:
- Mantener algunas rutinas que ayuden a regular el sistema nervioso.
- Dejar espacios para el aburrimiento y la creatividad.
- Proteger también un pequeño espacio para ti, mamá.
Hay algo que me gustaría pedirte este verano. No desaparezcas. Que este verano tengas muchos recuerdos con tus hijos, y que ellos puedan construir recuerdos contigo.
Les tengo un regalo que preparé con mucho cariño para empezar este verano.
Siéntense juntos.
Con lápices o colores.
Sin pantallas.
Sin prisa.
Pregúntense:
- ¿Cómo queremos sentirnos este verano?
- ¿Qué recuerdos queremos construir?
- ¿Qué queremos aprender?
- ¿Cuál será nuestro mantra del verano?
Preparé un imprimible para que puedas llenarlo con tu familia.
No es un plan de actividades. Es una brújula para recordar lo verdaderamente importante.
Que este verano no se mida por todo lo que hicieron, sino por todo lo que sintieron.


