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Blog  / Mindfulness

El camino de regreso a ti

Conoces muy bien la felicidad de tus hijos.

Sabes exactamente qué los hace reír. Qué los calma. Qué los emociona. Qué los hace sentirse seguros. Los has observado durante tantos años que podrías escribir un libro entero sobre ellos.

Y sin embargo, si alguien te preguntara ahora mismo ¿qué te hace feliz a ti?, quizá la respuesta no llegue tan rápido como imaginabas.

No estás sola en eso. Y no significa que algo esté mal contigo. Significa que llevas mucho tiempo mirando hacia afuera. Esta es una guía para volver a mirarte a ti.

Por qué dejamos de saber qué nos hace felices

La maternidad tiene una forma muy silenciosa de ir ocupando espacio.

Sin darnos cuenta nos volvemos expertas en los demás. Pasamos tantos años ayudando a nuestros hijos a descubrir quiénes son, que a veces olvidamos seguir descubriendo quiénes somos nosotras.

Estamos tan ocupadas amando, organizando, recordando y sosteniendo, que dejamos de mirarnos con la misma curiosidad con la que miramos a quienes más queremos.

No es que dejaras de tener gustos, deseos o alegrías. Es que dejaste de hacerte la pregunta. Y una parte de ti que no se nombra, poco a poco se vuelve difícil de escuchar.

Por eso, para muchas mamás, este proceso empieza con un reconocimiento incómodo: ya no sé bien qué me hace feliz. Y a veces con algo más profundo todavía, como cuando extrañas tu vida antes de ser mamá sin saber muy bien cómo nombrarlo.

Mamá sentada sola frente al mar al atardecer mientras sus hijas juegan a lo lejos

La carga mental: por qué tu cabeza casi nunca descansa

Hay un trabajo invisible que casi siempre recae en las mamás: recordar. La cita del pediatra, que se acaba el jabón, el disfraz del festival, a quién hay que felicitar, qué comió cada quién. No es solo hacer las tareas; es llevar la lista completa en la cabeza, todo el tiempo.

A eso se le llama carga mental. Y ocupa un espacio enorme, aunque nadie lo vea.

El problema no es solo el cansancio. Es que cuando tu mente vive administrando la vida de todos, casi no queda lugar para una pregunta tan tuya como ¿qué me hace feliz?. No es que no te importe. Es que tu cabeza está llena.

Por eso, muchas veces, reconectar contigo no empieza por hacer algo nuevo, sino por soltar un poco de esa carga: repartirla, escribirla para sacarla de tu mente, o al menos reconocer que no tendría por qué ser solo tuya. Un poco de espacio mental suele ser la condición para volver a escucharte.

No es lo mismo “hacer algo para ti” que volver a ti

Aquí hay una distinción importante.

Existe el autocuidado de lista: la mascarilla, la clase de yoga, el masaje que te regalaron. Está bien y a veces ayuda. Pero puede convertirse en una tarea más, algo que agendas y tachas, sin que te devuelva realmente a ti.

Y existe otra cosa, más callada: volver a ti. Es recordar quién eres cuando no estás cumpliendo un rol. Qué te emociona. Qué te da paz. Qué te hace sentir viva.

Volver a ti no siempre se ve productivo. A veces es quedarte mirando el mar mientras tus hijos juegan. A veces es no hacer nada útil durante diez minutos y sentir que, aun así, algo dentro de ti descansa.

Mamá disfrutando un café caliente a solas, un pequeño momento para ella

La trampa de las listas de “deberías”

Las mamás recibimos suficientes listas de todo lo que “deberíamos” hacer.

Deberías dormir mejor. Deberías meditar. Deberías tener un hobby. Deberías tomar tiempo para ti. Y cada “deberías”, aunque venga con buena intención, se siente como una exigencia más sobre unos hombros que ya cargan bastante.

Por eso esta guía no es una lista. Reconectar contigo no es una cosa más que tienes que lograr. Si lo vives como otra obligación, vuelves al mismo lugar del que querías salir: haciendo cosas para todos, incluida tú, pero sin habitarte.

El cambio no es hacer más. Es hacerte una pregunta que llevabas demasiado tiempo sin escuchar.

Las preguntas pequeñas que te devuelven a ti

No hablo de los grandes sueños. Ni de unas vacaciones espectaculares. Ni de ese viaje que llevas años queriendo hacer.

Hablo de algo mucho más pequeño. Cuando tengas un silencio, aunque sea de un minuto, prueba con estas:

  • ¿Qué cosas hacen que mi corazón descanse?
  • ¿Qué me hace perder la noción del tiempo?
  • ¿Qué me hace sonreír sin darme cuenta?
  • ¿Qué me devuelve esa pequeña chispa en el cuerpo que me recuerda que sigo siendo yo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que hice algo simplemente porque me daba alegría?

No las respondas para encontrar una gran verdad. Respóndelas para recordar una pequeña parte de ti.

Tal vez descubras que todavía te hace feliz caminar descalza. Escuchar una canción que no oías desde hace años. Leer unas páginas de un libro mientras todos duermen. Bailar en la cocina. Tomarte un café caliente. Reírte hasta que te duela el estómago.

Mamá leyendo un libro a solas en un sillón junto a la ventana

Cómo empezar sin viaje, sin retiro y sin culpa

Volver a encontrarte no empieza con un viaje, ni con un retiro, ni con una vida completamente distinta.

Empieza mucho más cerca. Aquí van tres pasos pequeños:

  1. Date permiso. Antes de cualquier acción, permítete querer esto. Querer un rato para ti no te hace peor mamá. Si te cuesta, quizá primero necesites trabajar la idea de que necesitas estar sola un rato sin sentirte culpable.
  2. Empieza minúsculo. No planees una nueva rutina. Elige una sola cosa de tus respuestas de arriba y date esa cosa hoy o mañana. Un café caliente sin apuro. Tres canciones. Cinco minutos de sol.
  3. Nota cómo te sientes. No para evaluarte, sino para reconocerte. Ah, esto todavía me gusta. Esto todavía soy yo. Ese reconocimiento es el hilo del que vas a seguir tirando.

Este proceso tiene mucho que ver con recuperar tu tiempo siendo mamá: darte a ti misma, sin culpa, eso que a veces olvidas darte.

Mamá bailando descalza en la cocina, sonriendo en un momento de alegría

Cuándo esto es algo más que cansancio

Recordar qué te hace feliz es un trabajo tierno y cotidiano. Pero conviene distinguirlo de otra cosa.

Si lo que sientes no es solo perdí de vista mis gustos, sino que hace tiempo no disfrutas casi nada, que te sientes vacía, irritable o lejana de tus hijos la mayor parte del tiempo, eso ya no es solo falta de tiempo para ti. Puede ser agotamiento profundo o algo que merece acompañamiento.

Ahí, ser amable contigo empieza por la autocompasión materna y, si hace falta, por pedir ayuda. Y si sientes que no disfrutas ser mamá y te llenas de culpa, no estás rota: ese texto es un buen lugar para empezar a mirarlo sin juzgarte.

Un pequeño reto para esta semana: durante los próximos tres días, antes de dormir, contéstate una sola pregunta: ¿qué me hizo sentir viva hoy, aunque haya sido un instante? No busques respuestas grandes. Un olor, una canción, cinco minutos de sol. Al tercer día vas a empezar a ver un patrón, y ahí están las primeras pistas de lo que todavía te hace feliz.

Reconectar contigo no es un lujo ni un premio por portarte bien. Es parte de sostenerte para poder sostener. Empieza el día en que vuelves a hacerte la pregunta.

¿Todavía sabes qué te hace feliz?

Si quieres leer esta idea en su forma más íntima, aquí te dejo la carta que escribí frente al mar el día que me hice esta misma pregunta.

Preguntas frecuentes

¿Por qué siento que me perdí a mí misma desde que soy mamá?

Porque la maternidad ocupa espacio de una forma muy silenciosa. Pasas tantos años ayudando a tus hijos a descubrir quiénes son que dejas de mirarte con la misma curiosidad. No te olvidaste de ti: dejaste de hacerte la pregunta de qué te hace feliz.

¿Cómo reconecto conmigo misma siendo mamá?

No empieza con un viaje ni con un retiro. Empieza con preguntas pequeñas: qué hace que tu corazón descanse, qué te hace perder la noción del tiempo, qué te hace sonreír sin darte cuenta. Y con una acción mínima, hoy, que te dé alegría por el simple hecho de dártela.

¿Está mal querer tiempo para mí en lugar de estar con mis hijos?

No. Querer un rato para ti no te hace peor mamá ni significa que quieras menos a tus hijos. Es una necesidad legítima, no un lujo. Cuidar tu alegría no les quita nada: te devuelve a ti para poder estar presente de verdad.

¿Reconectar conmigo misma significa hacer más cosas para mí?

No. No se trata de sumar actividades ni de cumplir otra rutina de autocuidado. Se trata de recordar una parte de ti que sigue ahí. A veces es solo tomarte el café caliente o escuchar una canción vieja, y notar que todavía eres tú.

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